Nervios periféricos: terapia celular para neuropatías metabólicas, vasculares, tóxicas o traumáticas.
Los nervios periféricos conectan el cerebro y la médula espinal con los músculos, la piel y otras estructuras del organismo. Cuando alguno se daña, las señales nerviosas pueden dejar de transmitirse correctamente y aparecer debilidad, pérdida de sensibilidad, dolor neuropático o una combinación de estos síntomas. El daño puede producirse de manera repentina como consecuencia de un traumatismo, un corte o una sección del nervio, o desarrollarse progresivamente por alteraciones metabólicas, tóxicas o vasculares. En LYRACELL evaluamos el nervio afectado y el grado de compromiso mediante el examen neurológico y estudios neurofisiológicos para determinar si la terapia celular puede formar parte de un tratamiento personalizado.
Terapia celular personalizadaEvaluación médica integralVías de administración combinadasLaboratorio propio

Entender los nervios periféricos
Un nervio periférico está formado por miles de axones agrupados en fascículos, rodeados por diferentes capas de tejido que les proporcionan sostén y protección.
A través de estos axones viajan las señales que permiten controlar el movimiento y recibir información sensitiva desde distintas regiones del cuerpo.
Para mantener esta función, el nervio también depende de una irrigación sanguínea adecuada que le proporcione oxígeno y nutrientes. Cuando los axones, sus estructuras de sostén o su aporte vascular se deterioran, la conducción de las señales puede verse comprometida.
Daño traumático
Un corte, aplastamiento o sección parcial o completa puede interrumpir la continuidad de los axones y, según la gravedad, afectar también las envolturas que organizan y protegen el nervio.
El resultado puede ser una pérdida abrupta de la conducción nerviosa por debajo de la lesión, con debilidad motora, alteraciones de la sensibilidad o ambas.
Daño metabólico o tóxico
Determinadas alteraciones metabólicas pueden afectar progresivamente el funcionamiento de los axones y la microcirculación que los nutre.
Un ejemplo es la neuropatía diabética, que habitualmente produce un deterioro lento y simétrico de las fibras nerviosas, con predominio en las extremidades inferiores.
La exposición a determinadas sustancias también puede producir neuropatías de origen tóxico, cuyo abordaje requiere identificar y controlar la causa.
Daño vascular
Cuando disminuye el flujo sanguíneo hacia el nervio, también se reduce el aporte de oxígeno y nutrientes.
Si la isquemia se mantiene, puede alterar inicialmente la función del nervio y posteriormente favorecer la degeneración axonal.
Más de un componente puede estar afectado
En muchos casos, el daño no se limita al axón. La degeneración de las fibras nerviosas puede coexistir con alteraciones vasculares e inflamatorias del microambiente que rodea al nervio, dificultando su capacidad natural de reparación.

¿Cómo puede manifestarse?
Pérdida de fuerza
Cuando se comprometen las fibras motoras, determinados músculos pueden recibir menos señal nerviosa y comenzar a perder fuerza.
Alteraciones de la sensibilidad
Pueden aparecer disminución de la sensibilidad, adormecimiento o pérdida sensitiva en el territorio correspondiente al nervio afectado.
Dolor neuropático
El daño nervioso también puede producir ardor, punzadas u otras sensaciones dolorosas relacionadas con una alteración de la transmisión nerviosa.
Déficits progresivos
En las neuropatías metabólicas, tóxicas o vasculares, los síntomas pueden desarrollarse gradualmente y comprometer varios nervios.
Una terapia orientada al nervio y al entorno vascular que participa en su función.
El sistema nervioso periférico posee cierta capacidad de regeneración axonal. Sin embargo, ante lesiones traumáticas extensas, neuropatías metabólicas o tóxicas de larga evolución o una isquemia sostenida, estos mecanismos pueden resultar insuficientes frente al grado de daño existente.
En estos casos, la terapia celular busca favorecer procesos biológicos asociados a la reparación del tejido nervioso, la modulación de su entorno y el soporte de la vascularización local.
El tratamiento utilizado en LYRACELL combina dos componentes:
- Células madre obtenidas del tejido adiposo: se procesan y prediferencian en el laboratorio hacia progenitores vinculados con el tejido neural y con el componente vascular.
- Células del sistema inmune obtenidas de la sangre: participan en la preparación y orientación de la terapia hacia los tejidos que se busca tratar.
Bajo los protocolos del Método Moviglia, el equipo de LYRACELL prepara una combinación celular específica de acuerdo con el nervio afectado, el mecanismo que produjo la lesión y su extensión.
La combinación de estos componentes busca acompañar los procesos naturales de reparación del organismo mediante un abordaje personalizado y bajo criterios médicos y de seguridad.

Del laboratorio al nervio periférico
Las células madre se obtienen del propio paciente y, junto con las células del sistema inmune, se procesan en el laboratorio siguiendo los protocolos del Método Moviglia. A partir del diagnóstico, se prepara una fórmula celular adaptada al nervio afectado, el mecanismo que produjo el daño y su extensión. Según las características del caso, el protocolo puede combinar diferentes vías de administración: intravenosa, intraarterial y aplicación local perineural, con el objetivo de abordar tanto el tejido nervioso como su entorno vascular.
Cuatro etapas para abordar el nervio según el origen y la extensión del daño.
No todas las lesiones nerviosas se comportan de la misma manera. Por eso, el tratamiento se define a partir del nervio comprometido, el mecanismo de lesión y el grado de alteración de la conducción.
Una evaluación precisa permite tratar el problema específico, no solamente el síntoma.
¿Este tratamiento puede ser una opción para ti?
Este abordaje puede evaluarse en personas que presentan un déficit motor o sensitivo asociado al daño de uno o más nervios periféricos, siempre que exista una alteración objetiva demostrable mediante estudios neurofisiológicos.
Puede ser una opción si…
Has sufrido una lesión traumática de un nervio periférico.
Existe daño nervioso después de un corte, aplastamiento o sección que ya recibió la reparación mecánica correspondiente, cuando era necesaria.
Presentas una neuropatía metabólica, como la neuropatía diabética, y la causa de base se encuentra bajo tratamiento.
Existe una neuropatía de origen tóxico susceptible de este abordaje.
El nervio presenta un compromiso asociado a una alteración vascular o isquémica.
Presentas pérdida de fuerza o sensibilidad relacionada con el territorio de un nervio.
Los estudios neurofisiológicos confirman objetivamente una alteración de la conducción nerviosa.
Puede ser necesario otro abordaje si…
Existe una sección nerviosa con una pérdida importante de tejido que todavía necesita reparación quirúrgica.
Los estudios muestran una degeneración axonal completa, de muy larga evolución y sin signos de actividad regenerativa.
La causa metabólica, tóxica o vascular que produjo el daño todavía no se encuentra controlada.
El déficit motor o sensitivo se origina en una enfermedad primaria del sistema nervioso central, como un accidente cerebrovascular.
Existe una enfermedad de motoneurona que explica los síntomas.
Los estudios neurofisiológicos no confirman un compromiso de los nervios periféricos y es necesario investigar otro origen.
La indicación se determina a partir del examen neurológico, el mecanismo de la lesión y los hallazgos objetivos de los estudios neurofisiológicos.
Tratar el nervio es parte del proceso. Recuperar su función también requiere tiempo y seguimiento.
La recuperación de un nervio periférico no se evalúa únicamente a partir de cómo se siente el paciente. También es necesario observar cómo evoluciona la conducción de las señales nerviosas y qué función motora o sensitiva se recupera.
Una evolución progresiva
La reparación nerviosa puede requerir tiempo. Los controles permiten acompañar la evolución de la fuerza, la sensibilidad y el dolor neuropático durante el tratamiento.
Recuperación funcional
El seguimiento clínico permite evaluar cómo los cambios en la función nerviosa se traducen en movimiento, control muscular y sensibilidad en las regiones afectadas.
Según el tipo de lesión y las necesidades del paciente, el equipo médico puede incorporar rehabilitación física o neurológica al plan de recuperación.
Resultados medibles
La electromiografía y los estudios de velocidad de conducción nerviosa pueden repetirse durante el seguimiento para obtener parámetros objetivos y compararlos con los valores iniciales.
De esta manera, la evolución se analiza combinando resultados clínicos, funcionales y neurofisiológicos.
Preguntas frecuentes
Es una estructura formada por miles de axones agrupados en fascículos que transmite señales entre el cerebro y la médula espinal y las diferentes regiones del cuerpo. Estas señales participan, entre otras funciones, en el movimiento y la sensibilidad.
El daño puede tener un origen traumático, metabólico, tóxico o vascular. Identificar el mecanismo es necesario para controlar la causa y definir el abordaje adecuado.
El examen neurológico se complementa con estudios como la electromiografía y la velocidad de conducción nerviosa, que permiten localizar y cuantificar el compromiso.
No. Cuando existe una lesión que necesita restablecer mecánicamente la continuidad del nervio o liberar una compresión, la cirugía puede ser necesaria. En determinados casos, la terapia celular puede incorporarse durante o después del procedimiento.
El tratamiento base es autólogo: las células madre se obtienen del tejido adiposo del propio paciente y las células del sistema inmune, de su sangre. En determinados casos, según la indicación médica, pueden utilizarse células del sistema inmune de un donante seleccionado.
Según las características del caso, el protocolo puede combinar administración intravenosa, intraarterial y local perineural.
Habitualmente pueden contemplarse entre tres y seis aplicaciones durante un período de 6 a 12 meses. La cantidad se define al inicio del tratamiento, según el mecanismo y la severidad del daño, como parte de un plan con metas concretas. Al terminar el plan se evalúa la evolución y, si hace falta, se definen nuevas intervenciones.
Se evalúan cambios clínicos y funcionales en la fuerza, la sensibilidad y el dolor neuropático, junto con estudios neurofisiológicos seriados que permiten comparar la conducción nerviosa con el punto de partida.
No. Estos síntomas también pueden originarse en el cerebro, la médula espinal u otras estructuras del sistema nervioso. Por eso, es necesario identificar su origen mediante la evaluación neurológica y los estudios correspondientes.
El primer paso es identificar qué nervio está afectado y cuánto conserva de su función.
La evaluación neurológica y los estudios neurofisiológicos permiten localizar el daño, determinar su mecanismo y medir el grado de compromiso para establecer si la terapia celular puede formar parte de una estrategia adecuada para tu caso.







