Pie: terapia celular aplicada a fascitis plantar, artrosis y lesiones de tendones.
El dolor en el pie puede afectar actividades cotidianas como permanecer de pie, caminar, saltar o realizar actividad física. Puede aparecer de forma repentina después de un golpe, un esguince o una fractura, o desarrollarse progresivamente debido a sobrecargas, alteraciones en la pisada o desgaste. En LYRACELL evaluamos las estructuras afectadas y la biomecánica del pie para definir un tratamiento personalizado.
Terapia celular personalizadaGuiado por imágenesMínimamente invasivoLaboratorio propio

Entender el pie
El pie es una estructura biomecánica compleja formada por 26 huesos, múltiples articulaciones, cartílagos, ligamentos, tendones y fascias. Todas estas estructuras trabajan en conjunto para sostener el arco plantar y distribuir el peso del cuerpo en cada paso.
El dolor puede estar asociado principalmente a:
Fascitis plantar y espolones calcáneos
La inflamación, el engrosamiento o las microrrupturas de la fascia plantar —la banda de tejido que sostiene el arco del pie— pueden generar dolor y comprometer el apoyo, especialmente en su inserción sobre el hueso calcáneo.
Desgaste y daño articular
La artrosis puede producir un deterioro progresivo del cartílago en las articulaciones del tarso, el metatarso o la base del dedo gordo, como ocurre en el hallux rigidus. Esto puede generar roce óseo, edema, dolor y limitación del movimiento.
Lesiones de tendones y ligamentos
Las tendinopatías, el desgaste o la inflamación crónica de estructuras como el tendón tibial posterior o la inserción del tendón de Aquiles, junto con la distensión de los ligamentos, pueden comprometer el arco plantar, generar inestabilidad y alterar la distribución de las cargas.
En muchos casos, varias estructuras se encuentran afectadas simultáneamente.

¿Cómo puede manifestarse?
Dolor al apoyar o al caminar
Las molestias pueden aparecer al apoyar el pie, al caminar o después de permanecer mucho tiempo de pie.
Dolor en el talón o el arco
El compromiso de la fascia plantar puede generar dolor en el talón o a lo largo del arco del pie.
Rigidez o limitación del movimiento
El desgaste articular puede dificultar el movimiento de las articulaciones del pie o del dedo gordo.
Inflamación o hinchazón
Puede aparecer edema en zonas como el talón, el empeine o alrededor de los tendones.
Cambios en la pisada o inestabilidad
El compromiso de tendones y ligamentos puede alterar el arco plantar y la distribución de las cargas, y afectar la estabilidad al caminar.
Tus propias células, orientadas al tejido que necesita ser tratado.
El cuerpo posee mecanismos naturales de autorreparación. Sin embargo, ante lesiones estructurales avanzadas, fascitis crónicas refractarias o impactos mecánicos continuos producidos por la marcha, esa capacidad puede resultar insuficiente.
En estos casos, el aporte de células busca favorecer procesos biológicos relacionados con la reparación y remodelación de los tejidos, modular la inflamación y acompañar la recuperación de la función del pie.
El tratamiento personalizado combina dos componentes clave: células madre, que forman parte de una preparación destinada a favorecer procesos biológicos relacionados con la reparación y remodelación de los tejidos, y células del sistema inmune, que intervienen en la orientación de las células madre hacia el tejido que necesita ser tratado —fascia, cartílago, tendón, ligamento o hueso—.
Bajo los protocolos del Método Moviglia, el equipo de LYRACELL obtiene células madre de la grasa del propio paciente. Estas se procesan y multiplican en el laboratorio y luego se combinan con células del sistema inmune específicas del tejido. La preparación incluye células madre prediferenciadas y células del sistema inmune orientadas hacia las estructuras identificadas en el diagnóstico.
La combinación de ambos tipos de células busca acompañar el proceso natural de reparación del cuerpo, mediante un abordaje personalizado y bajo estrictos protocolos de seguridad.

Del laboratorio a tu pie
Las células se procesan en el laboratorio y se preparan de acuerdo con el tejido identificado en la evaluación antes de realizar la aplicación dirigida.
Cuatro etapas, un proceso definido para cada caso.
Desde la evaluación inicial hasta el seguimiento de tu evolución, cada etapa del tratamiento está definida por el equipo médico según tu caso.
Una evaluación precisa permite tratar el problema específico, no solamente el dolor.
¿Este tratamiento puede ser una opción para ti?
La indicación se define de manera individual a partir de la evaluación médica, los síntomas y los estudios por imágenes.
Puede ser una opción si…
Tienes dolor persistente, inflamación o limitación funcional en el pie.
El problema afecta tu marcha, tus actividades cotidianas o la práctica deportiva.
Tus estudios médicos indican una alteración estructural.
Buscas preservar la función del pie y tratar una lesión identificada.
Puede ser necesario otro abordaje si…
Existen deformidades rígidas severas, colapso estructural óseo o articulaciones completamente anquilosadas, que pueden requerir una reconstrucción quirúrgica o una artrodesis.
El dolor, el ardor o el adormecimiento tienen un origen neuropático, como una neuropatía periférica —incluida la neuropatía diabética— o un neuroma de Morton.
Los síntomas provienen de una compresión de las raíces nerviosas en la columna lumbar.
La evaluación permite diferenciar una alteración estructural del pie de otras causas que pueden producir síntomas similares.
Recuperar el tejido también implica volver a distribuir correctamente las cargas.
El plan de recuperación puede incorporar rehabilitación kinesiológica, análisis de la marcha, plantillas cuando estén indicadas y ejercicios de fortalecimiento. El objetivo es acompañar la evolución de los tejidos y trabajar sobre la biomecánica del pie en cada paso.
Primeros días
Pueden presentarse molestias o inflamación local transitoria. El equipo médico realiza el seguimiento correspondiente y define cómo adaptar temporalmente las actividades.
Rehabilitación y biomecánica
La kinesiología, el análisis de la marcha, las plantillas cuando están indicadas y los ejercicios de fortalecimiento acompañan el proceso para mejorar el apoyo, la distribución de las cargas y la estabilidad del pie, y acompañar el retorno progresivo a las actividades.
Resultados medibles
El seguimiento permite evaluar aspectos como dolor, movilidad, fuerza, estabilidad y capacidad funcional. Cuando está indicado, pueden repetirse estudios por imágenes para comparar el estado de las estructuras tratadas con la evaluación inicial.
Preguntas frecuentes
Depende del diagnóstico. Se evalúan la fascia plantar, el cartílago articular, tendones como el tibial posterior o el de Aquiles, y los ligamentos.
La fascitis plantar es una de las afecciones que se evalúan con más frecuencia, sobre todo cuando es crónica y no respondió a otros tratamientos conservadores. La indicación se define después de una evaluación médica.
El tratamiento base es autólogo: las células madre se obtienen del tejido adiposo del propio paciente y las células del sistema inmune, de su sangre. En determinados casos, según la indicación médica, pueden utilizarse células del sistema inmune de un donante seleccionado.
El equipo médico analiza tu historia clínica, tu tipo de pisada, el calzado que usas habitualmente, tus antecedentes traumáticos o deportivos y los estudios por imágenes.
Sí. Las células se aplican con guía ecográfica o tomográfica y anestesia local, según la zona a tratar.
En algunos casos puede ser una alternativa a la cirugía. Cuando hay una alteración mecánica severa o hace falta estabilizar una articulación, como en una lesión de Lisfranc, puede requerirse cirugía. En esos casos, las células pueden aplicarse durante o después del procedimiento.
Depende de cada caso. En los primeros días pueden aparecer molestias o inflamación local. La evolución se evalúa en los controles médicos posteriores.
Sí. Puede incluir rehabilitación kinesiológica, análisis de la marcha, plantillas cuando estén indicadas y ejercicios de fortalecimiento para mejorar la distribución de las cargas.
Cuando existen deformidades rígidas severas, colapso óseo o articulaciones completamente anquilosadas. Tampoco lo es cuando el dolor tiene un origen neuropático, como una neuropatía periférica o un neuroma de Morton, o cuando proviene de la columna lumbar.
Con controles clínicos, funcionales y por imágenes, que se comparan con el punto de partida.
El primer paso es entender tu caso.
Cada tratamiento comienza con una evaluación médica para conocer tu diagnóstico, identificar las estructuras afectadas y determinar qué abordaje puede ser adecuado para ti.







